🎓 Elegir bien en qué desenvolverte laboralmente es resistir con inteligencia 💡
- Roxana Zepeda Rivera

- 9 jun 2025
- 3 Min. de lectura

Hace un par de años vengo pensando —y cada vez con más convicción— que necesitamos impulsar a los jóvenes que recién egresan del colegio, a mirar más allá de las carreras tradicionales. Hoy, encontrar trabajo en esas opciones clásicas es cada vez más difícil. No solo por la falta de experiencia, sino porque los puestos realmente dignos son cada vez más escasos.
No lo digo desde el pesimismo, sino desde la observación cotidiana. Veo jóvenes titulados con talento, con motivación… aunque sin oportunidades reales. Y no se trata de “culpas personales”, sino de un sistema en el que toda idea laboral parece saturada.
El mundo cambió.
Y elegir una carrera ya no se trata solo de vocación (ni de frases bonitas como “trabaja en lo que amas y no trabajarás un solo día de tu vida”).
También se trata de empleabilidad, adaptabilidad y herramientas concretas para distintos contextos.
Y para quienes ya no somos tan jóvenes () y estamos reinventándonos, aprender sigue siendo nuestra mejor aliada.
Nunca está de más saber de números, por ejemplo. Sobre todo si algún día queremos lograr algo parecido al equilibrio financiero que va de la mano con las compras desmedidas que hacen que caigamos en un pozo profundo de deudas.
(De eso hablé en mi post anterior: de esa trampa sutil que es el consumismo… y esa falsa promesa de que las tarjetas de crédito vienen a “salvarnos”. (Claramente no lo hacen).
Formarse nunca es un gasto. Es una forma de resistir, de adaptarse, de volver a empezar… con más fuerza, con más claridad. Hoy yo apuesto por la autoformación, porque volver a estudiar en Chile para quienes estudiamos en los 2000, sigue siendo caro, ahora al menos los jóvenes pueden optar a la gratuidad de estudios superiores, un gran avance.
También pienso en lo urgente que es acompañar y orientar a quienes están tomando decisiones importantes. Que lo hagan con información real, con opciones abiertas, con los ojos bien abiertos.
Y aquí me ronda otra pregunta:
¿Influye realmente la universidad o la ciudad donde estudiamos en nuestro futuro laboral?
Durante años crecí con esa idea (como tantas personas de mi generación):
Había que ser profesional para “llegar a algo”.
Tener un título universitario era el pasaporte al éxito.
Y mientras mejor la universidad —y más grande la ciudad— mejor la vida.
Spoiler: no fue tan así.
Hoy, con más experiencia (y varios cafés encima), me hago esta pregunta sin ironía:
¿Realmente define tu vida laboral la universidad donde estudiaste y la ciudad donde lo hiciste?
La respuesta corta: sí, influye… pero no lo es todo.
La respuesta larga… va con recarga de café y espuma.
La universidad: ¿etiqueta o puerta?
Sí, hay universidades con más prestigio. Y sí, muchas veces abren más puertas al comienzo: mejores contactos, más redes, más oportunidades para hacer prácticas “en lugares importantes”.
Pero también he conocido gente brillante que estudió en instituciones poco conocidas y se ha abierto camino a punta de esfuerzo, empatía y talento.
Eso también es un arte.
Porque nada está escrito.
Y muchas veces, lo que hace la diferencia es la actitud ante la vida y ante las personas con quienes nos relacionamos.
¿Y la ciudad?
Estudiar en Santiago (o en una capital) puede facilitar el acceso a más oportunidades: más empresas, más eventos, más redes. Aunque también hay más competencia, más anonimato, más prisa.
En cambio, en regiones hay otra riqueza: más espacio para crear algo propio, para marcar una diferencia, para hacer comunidad.
Yo lo viví en Vicuña. Difundiendo cultura.
Sintiendo que lo que hacía tenía sentido.
Y comprobando que no necesitaba una gran ciudad para sentirme parte de algo grande y valioso para mi comunidad.
La clave, creo, está en mirar tu entorno y preguntarte:
¿Qué necesita mi comunidad? ¿Qué puedo ofrecer?
Sea un servicio, un producto, una idea, una labor… lo importante es mirar con ojos curiosos, y construir desde ahí. Yo busco construir con las palabras y la comunicación.
Conclusión sin tanto drama:
Sí, la universidad y la ciudad influyen.
Pero no lo determinan todo.
A veces, una vida profesional se construye más con audacia y resiliencia que con títulos o direcciones postales.
Y aunque el camino ha tenido sus subidas y bajadas, acepto lo aprendido y me libero de los atajos que nunca tomé, para tal vez haber "triunfado". Estar aquí reflexionando es ya un triunfo.
Porque más allá de todo, lo que realmente vale la pena…
es sentir que estás viviendo una vida con tu nombre.
Con aciertos, con errores, con reinvenciones.
Y con mucho café, por supuesto.
Y las preguntas para iniciar la conversación son :
¿Qué te hubiera gustado que te dijeran cuando elegiste tu carrera?
¿Qué herramientas sientes que necesitas hoy para reinventarte?


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