Las bondades del trabajo en equipo (con toque Rivera Arellano, por supuesto)
- Roxana Zepeda Rivera

- 16 jun 2025
- 2 Min. de lectura
Corrían los años 2004 o 2005… ¿Tele 1 o Tele 2? No lo recuerdo bien (lo que sí recuerdo es que en Tele 2 sufríamos más con los planos), aunque sí recuerdo ese curso de la Escuela de Periodismo de la Usach, que me acogió con los brazos abiertos después de quedarme allá tras una beca de movilidad desde la ULS hacia Santiago, la capital chilena, como una gran provinciana vicuñense.
Fue ahí donde conocí un grupo tan unido que marcó profundamente a muchas y muchos de nosotros. En esa materia aprendí de verdad lo que era el trabajo en equipo… y también descubrí que mi sangre Rivera Arellano tenía potencial actoral .
Sí, porque mis compañeros me caracterizaron de curadita buena pal tinto para hacer una nota en la mítica Piojera y en la Estación Mapocho, en plena Fiesta Guachaca.
Lo di todo, método puro.
Cuando salí al mundo laboral —con esa escena ya transformada en leyenda universitaria— supe que el trabajo en equipo no era solo teoría: era memoria, complicidad, respeto.
Y he intentado mantener ese espíritu desde entonces. A veces me resulta, a veces… se me sale la Rox taimada de la niñez.
No lo niego: he tenido carácter fuerte (créanme, no es mito), fui media porfiada en mi niñez y juventud —bueno, todavía un poquito, pero con menos dramatismo—.
Usé tonos firmes cuando algo me molestaba. No fui mediadora ni conciliadora, aunque me encantaría.
PERO: descubrí algo esencial —y esto lo digo con toda la humildad que mi voz fuerte me permite—: el trabajo en equipo hace que cualquier meta sea más grande, más rica y más humana.
Por eso hoy en “Un café con Rox” quiero reflexionar sobre esa fuerza: la de conectar desde lo simple, desde lo honesto, desde lo conversado.
Ya sea en el periodismo, en la cultura, en proyectos sociales o en la cocina municipal, siempre habrá un espacio donde las voces se pueden escuchar con respeto.
Hace muy poquito me reuní con quienes fueron mis compañeros de la municipalidad durante más de 7 años. Hoy son mis amigos, con sus historias, con ese cariño que crece cuando uno comparte alegrías, rabias, urgencias de último minuto… y celebraciones con torta y asado.
Volvimos a conversar y me sentí acompañada, querida, valorada. Y eso también es aprendizaje: escuchar, aceptar diferencias, apoyarse en lo profesional… y en lo emocional también.
Eso es lo que quisiera rescatar siempre:
Que detrás de cada entidad, pública o privada, hay personas que hacen magia cuando se conectan bien. Y que comunicar no es solo hablar bonito o claro, es tender puentes entre voces distintas.

Y tú… ¿Recuerdas a algún equipo que te haya marcado? ¿Un compañero, una jefatura, un grupo con el que reíste o creciste?
¡Cuéntamelo abajo! Porque si hay algo que me gusta, es leer historias de vida compartida.
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