☕ Sobre la amistad y sus formas
- Roxana Zepeda Rivera

- 7 jul 2025
- 3 Min. de lectura
¿Qué es la amistad, si no esa chispa ✨ que le da sentido a nuestras vidas y que cada cual vive y siente de manera distinta?
A veces pienso que la amistad de la infancia 👧🏻👧🏻 es diferente a la de la adultez 👩🏼🤝👩🏽.
No porque una sea mejor que la otra, sino porque hablan lenguajes distintos.
La primera es juego 🎠, lealtad ingenua 💫, promesas con crayones 🖍️ y tardes eternas 🌅.
La segunda, en cambio, es más pausada 🕰️.
Se teje entre rutinas 🗓️, reencuentros ✈️, silencios que acompañan 🤫 y afinidades que aparecen cuando ya sabemos un poco más quiénes somos.
Yo, por ejemplo, tengo una amiga desde los 8 años ❤️.
Crecimos juntas. En algún momento soñamos estudiar lo mismo 🎓 y así lo hicimos.
Aunque solo yo me titulé como periodista 📝, ella siguió su propio camino 🚶♀️, el que realmente la hacía feliz 😊 y para el que, sinceramente, es muy valiosa 🌟.
Nuestra amistad ha pasado por todas nuestras versiones: niñas, adolescentes, estudiantes, adultas cansadas 😩 y mujeres que siguen sosteniéndose 🫂.
Tenemos mil anécdotas, como aquella vez en que fuimos a conseguir un libro 📚 para una tarea y una señora nos mandó derechito a la biblioteca 🤓 (como diciéndonos: niñas, aprendan a buscar).
Sí, éramos muy preocupadas de nuestro aprendizaje ✍️.
Y aún sigue ahí, esa amistad. Presente. Sin necesidad de explicaciones 💞.
También están las amigas que llegaron en mis veintitantos ✨, en mis días universitarios 🎒, en mis idas y vueltas entre La Serena y Santiago 🚍.
Algunas compartieron piezas conmigo en la pensión de doña Ester 🛏️, otras me regalaron carcajadas 😂, desvelos 🌙, confesiones 🤭 y aprendizajes.
A varias no las veo hace años 🕰️, pero leo sus publicaciones de vez en cuando… y sonrío 😊.
Porque hay vínculos que, aunque se enfríen, no se olvidan ❄️💌.
Y también están esas amigas que conocí en la niñez 🧒🏽👧🏼 con quienes la vida me reencontró ya de adulta.
Es curioso cómo algunos lazos se estiran en el tiempo, duermen un rato… y luego despiertan más vivos que nunca.
Con ellas, hoy comparto miradas más maduras, charlas profundas y muchas risas que sanan.
Me hacen sentir valorada, escuchada, querida.
Y eso, en esta etapa de la vida, es un regalo enorme 🎁💛.
Y cómo no hablar de mis amigos hombres 👦🏻👨🏽.
El primero lo tuve en la Universidad de La Serena: un ser entrañable que me mostró que también puede haber ternura, complicidad y escucha en la amistad masculina 🤝.
Después, en Santiago, llegaron dos grandes compañeros de ruta 🛤️.
Con ellos viví momentos intensos, reflexivos 🧠💬, de esos que te marcan.
Con uno de ellos aún comparto conversaciones con alma ✨.
¿Sabían que fue él quien me habló por primera vez de Humberto Maturana?
Ese día comencé a enamorarme del arte de reflexionar ☕🧠.
Maturana, el biólogo chileno 🧬 que habló del concepto de autopoiesis, nos enseñó que los seres humanos somos capaces de producirnos a nosotros mismos 🔁.
Pero eso, lo dejo para otro post… uno que le dedicaré con cariño a mi querido Maturana 📝💛.
Hoy, mientras escribo esto con un café en mano ☕, pienso que la amistad no siempre se ve como en las películas 🎥.
A veces es una llamada pendiente 📞, un meme enviado sin contexto 🤪, una mirada cómplice 👀 o una conversación que ocurre cada seis meses… pero que sigue latiendo 🫀.
Porque, al final, las amistades verdaderas no se cuentan por frecuencia… sino por conexión 💫.
Y no puedo estar más de acuerdo con esa idea maravillosa: conectar entre seres humanos 🤲.
¿Y tú? ¿A quién le debes una de esas conversaciones que hacen bien? 🫶💬



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